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La COLONIA SAN JOSÉ en la escritura del Dr. Bernardino Horne

Un trabajo que detalla su origen y la organización político – administrativa

En el marco del 163 aniversario del origen de la Colonia San José, el análisis del Prof. Alejandro González Pavón en referencia a esta importante fecha para la región

Nuestra región es rica en personas y personajes que aportaron (y aportan) a nuestra historia. Desde los inicios de estos núcleos poblacionales, aparecen nombres de hombres y mujeres que supieron hacer de su vida una acción continua de servicio por el crecimiento social, histórico, cultural, político, económico y religioso. Entre ellos, encontramos al Dr. Bernardino Horne, un hijo de esta región, que supo mamar desde el seno de madre la rica historia que compone estos solares, y más aún, los de la Colonia San José, por ser ésta, el lugar en donde se afincaron sus antepasados.

Como es de público conocimiento, Don Bernardino Horne nació en Colón, el 1 de noviembre del año 1900. Creció en el interior de una de las familias más prestigiosas en nuestra región, con un accionar social muy evidente, sobre todo desde el punto de vista intelectual. Participó desde joven en distintas Instituciones, brindando en cada una de ellas, su aporte profesional para enaltecerlas. Fue un estudioso del aspecto social y agrario de nuestro país, algo que lo caracterizó durante su carrera profesional y política, llegando a ser conocido como el “Centinela del agro argentino”, tal como lo expresa una de las placas conmemorativas en su bóveda familiar en el Cementerio de nuestra ciudad.

Ocupó cargos de orden político a nivel nacional, fue Diputado, y asesor de las reformas agrarias que se sucedieron en varios países de nuestro continente.   Autor de varios libros referidos a esta temática, supo dejar en cada uno de ellos, un manifiesto claro y contundente sobre su estudio de la organización agrícola tanto en nuestro país y continente, como en Europa.

Un escrito particular

En este caso, considerando que se cumple un aniversario más del inicio de la Colonia San José, haré alusión a uno de sus principales trabajos publicados justo para el Centenario de dicha Colonia (1957), en donde realiza un estudio minucioso de la organización social y agraria de la Colonia, desde el momento de su creación, trabajo al cual tituló: “UN ENSAYO SOCIAL AGRARIO. LA COLONIA SAN JOSÉ. ENTRE RÍOS – 1857/1957. Dicho trabajo cuenta con el prólogo de Marcos Agustín Oliva y fue publicado por Ediciones Leviatán, Buenos Aires.

En relación a la Fundación y organización de la Colonia San José (1857), el Dr. Bernardino Horne dice lo siguiente: (…)” La Colonia San José fue obra espontánea y natural del Gral. Urquiza, como lo fue su heredero, el Colegio Nacional de Concepción del Uruguay, sino otro fin que el de buscar el bienestar de los habitantes y el progreso de la Nación, sin propósito de lucro” dejando en claro de esta forma, las bases ideológicas del fundador. Más adelante continua diciendo: “el primer contingente que vino a la Colonia, estaba destinado a la Provincia de Corrientes, a raíz de un contrato celebrado por Dn. Juan Lelong y el gobierno de esta Provincia. El Sr. Lelong había realizado las gestiones inmigratorias con una firma especializada: la de Beck, Herzog y Cia. Y es así que vienen las primeras familias, compuestas por 409 personas mayores, 118 menores, contratadas por la casa citada de Basilea (Suiza).

Se adelantó al arribo de los inmigrantes el Sr. Carlos Beck, quien vino en compañía de su esposa, la escritora Lina Beck Bernard. Al llegar se encontró con la novedad de que el contrato que había firmado D. Juan Lelong y el Dr. Augusto Brugnes en 1853, había sido declarado caduco. Ante tal situación, el Sr. Beck visitó al Gral. Urquiza en Paraná, resolviendo éste la creación de una colonia, la que, en un primer momento, pensó ubicar en Ibicuy. Luego, ante los inconvenientes que ofrecía el lugar se resolvió organizarla en campos de propiedad del Gral. Urquiza, sobre la costa del Río Uruguay.

El agrimensor francés Carlos Sourigues, hizo la primera visita a los campos destinados para la empresa, informando favorablemente a Urquiza. Pienso – decía en su informe – situar la colonia en este punto – la Calera Espiro – entre el arroyo de La Leche y del Medio (hoy Artalaz).

Luego, al hacer el plano, el agrimensor Sourigues la extendió hasta el Perucho Verna.

El nombre de la Colonia – San José – lo dio el propio General Urquiza, quien tenía devoción por el Santo (recordemos que su residencia familiar y particular lleva por nombre San José, y la Capilla que se localiza en dicha estancia, está consagrada a este mismo Santo).

En el mes de junio de 1857 – dice Horne – se embarcaron para el lugar indicado el grupo de colonos que habrían de construir la colonia. Ocuparon para ello la goleta “Rey David” y un pequeño barco: el “Facio”. El 1° de julio llegaron al lugar denominado Calera Espiro, donde desembarcaron. Desde el Palacio San José en Concepción del Uruguay, enviaron en carretas víveres para los inmigrantes.

Formaron allí sus campamentos, mientras el agrimensor Sourigues terminaba la mensura y la subdivisión de las tierras. Alejo Peyret describe de manera viva el cuadro que ofrecían los inmigrantes y sus penurias (aquí Horne hace referencia al libro escrito por el Prof. Alejo Peyret; UNA VISITA A LAS COLONIAS DE LA REPÚBLICA ARGENTINA). Considero veraces –dice Horne – sus informaciones, porque he oído relatos de mi abuela Doña Magdalena Betrisson de Magnin y de Dn. José Maxit en sus últimos años, que coinciden exactamente con lo que transcribo a continuación: Al fin llegaron a principios de julio al paraje denominado de Espiro, a dos leguas al norte de Paysandú. Allí formaron un nuevo campamento, mientras se mensuraban los terrenos, las concesiones, como se dice en el lenguaje de los colonizadores y adviértase de paso que es una expresión completamente impropia, pues los terrenos no se conceden, sino que se venden.

He dicho – agrega – que formaron un nuevo campamento y efectivamente no puede darse otro nombre a la población que improvisaron en las costas del Uruguay. Unos ganaron el galpón donde se guardaba la cal, otros se introdujeron en el horno donde se elaboraba, otros improvisaron abrigos debajo de los árboles tupidísimos, felizmente, con ramas y yerbas, otros formaron carpas con sábanas, amontonando baúles y cajones unos sobre otros; en fin, se arreglaron  del mejor modo que pudieron en la selva de espinillos, ñandubay, quebrachillos y talas que cubrían entonces la barranca y la meseta donde se extiende actualmente la pintoresca ciudad de Colón, ostentando al navegante sus casas blanqueadas, que asemejan al lado del azulado río.

El encargado de la calera era viejo vasco tartamudo, que vivía allí acompañado de otro viejo, pero indio, y que había adquirido cierta fama en las guerras civiles; creo que existe hasta la fecha, siendo actualmente estanciero. El tartamudo tuvo que abandonar el rancho de quincha en que vivía, a las mujeres embarazadas que iban a salir de cuidado; una perrita que alimentaba a sus cachorros, tuvo que dar de mamar a una criatura recién nacida que llegó a ser una bizarra suiza.

Felizmente, el invierno era seco y la estación saludable; no se desarrollaban las enfermedades y los inmigrantes se mantenían alegres. Sin embargo, algunos rezongaban y quejaban amargamente, diciendo que habían sido vendidos como perros. Dónde están, decían ellos, los naranjos prometidos, etc¨

Los primeros pasos fueron duros, tuvieron que cazar y pescar para vivir, aunque siempre recibieron la ayuda de Urquiza.

Los lotes de terrenos o concesiones, fueron amojonados y luego distribuidos entre los colonos. Cada lote tenía 600 varas por lado o sea 16 cuadras cuadradas y era entregado en venta a cada familia, suministrándoles además cuatro bueyes mansos, dos vacas lecheras con cría, dos caballos, cien gallinas, una suma de dinero para comprar implementos de trabajo y semillas y la alimentación necesaria hasta la próxima cosecha. También se les permitía cortar paja y maderas para la construcción.

La zona en que se ubicó la colonia, es de las más bonitas y fértiles del país. Las tierras son onduladas y existe en casi toda la costa del Uruguay, arena y pedregullo en abundancia.

Los colonos que vinieron, eran en su mayoría del Cantón de Valés (así figura en el escrito, pero es Valais) y del de Berna y también muchos saboyanos. En gran parte no eran agricultores, sino que habían tenido diversos oficios y algunos eran pequeños granjeros en su país de origen. No obstante se transformaron en agricultores, aprendiendo a arar con un pequeño arado de mancera hecho por los mismos colonos, de madera dura.

Criaron animales, organizaron pequeños tambos e iniciaron la industria avícola y apícola, que debían llegar a constituir con los años, la base fundamental de la economía de la zona…”

Plantaron árboles forestales y frutales, los que, por iniciación del propio Urquiza, el Sr. Peyret – dice Horne – distribuía entre los colonos.  Es así que la colonia llegó a producir en poco tiempo riquísimas frutas, tales como peras, duraznos, ciruelas y uvas. En cuanto al desarrollo de las plantaciones de vid, se vieron favorecidos por la introducción de una partid de sarmientos efectuados desde los Estados Unidos, de la variedad Filadelfia y que desde el Palacio San José enviaron a la colonia.

Esta variedad tuvo gran desarrollo y los colonos pudieron hacer su vino de mesa, como lo hacían en los Alpes y en la Saboya.

Algunos problemas

El análisis de la situación social, política y económica que hace el Dr. Horne en relación a los primeros tiempos de la Colonia San José es tan detallados que bien merecen la pena detenernos en algunas de esas cuestiones:

Dice: (…) uno de los tantos problemas graves que tuvo la colonia desde su origen, fue el de la falta de alambrados, por cuyo motivo los animales sueltos producían perjuicios en los cultivos y plantaciones, atentando contra el progreso de aquella.

Entre documentos

 

(…) leyendo la correspondencia – dice Horne – de la administración de la colonia y la del Palacio San José, se llega a la conclusión de que el éxito y la favorable evolución de aquella en sus primeros años y al menos durante la administración de Peyret, dependió de la obra de ayuda y orientación que dio a la colonia, con verdadero amor, el General Urquiza. En todo momento deja claro al lector la importante ayuda que hizo en todo momento el Gral. Urquiza para la organización y correcto funcionamiento de la Colonia San José. Aclara además, que nunca los abandonó, es decir que ya sea por el hecho de su propia presencia en la Colonia como sus decisiones a través del propio Alejo Peyret, siempre brindaba la asistencia que los colonos reclamaban.

Para concluir su descripción y análisis sobre los orígenes históricos y la forma de organización de la Colonia San José en sus primeros años de existencia, el Dr. Horne dice al respecto: “No obstante, es indudable que la capacidad de Peyret y la de los propios colonos que vinieron, suplió en mucho las deficiencias de diverso orden y las improvisaciones a que hubo que recurrir para lograr el éxito, teniendo en cuenta así mismo, como lo hemos señalado de que no todos los colonos en agricultores. Faltó a la colonia, como lo señala Peyret en uno de sus informes – dice Horne, una granja modelo que debía organizarla el Estado, iniciativa que propuso en diversas oportunidades inútilmente, problema éste que – cabe poner de relieve – sigue siendo de actualidad al llegar a sus cien años de vida (debe considerarse que este escrito se publicó en 1957, año del Centenario de la Colonia San José).

Por otro lado, y más adelante, Horne hace referencia a la ampliación de aquella primera gesta fundacional que creó la Colonia San José en 1857, y hace alusión directa a la figura del Pbro. Lorenzo Cot, como representante – años más tarde – del Gral. Urquiza en tierras europeas, cuya representación le fue conferida por el propio fundador con el objetivo de ir en busca de un número mayor de inmigrantes, y dice: “Por tal circunstancia, resolvió (Urquiza) enviar un delegado especial para provocar una corriente más intensa y ya canalizada por la acción del Gobierno. Y nombró para esa misión al Padre Lorenzo Cot en 1858, quien actuó con mucho éxito y realizó una interesante tarea en Europa”.

Más adelante, el Dr. Horne con un cuidado en los detalles históricos y el relato paulatino y cronológico que componen su texto, sigue relatando en forma minuciosa la organización de la colonia, pero ya desde el punto de vista social, haciendo referencia al origen de las instituciones, a las organizaciones de orden político – administrativo, el origen del consejo de colonos (llamado también Consejo Colonial y más tarde Consejo Municipal). Acompañaron el crecimiento de la Colonia una suma de hechos históricos a escala provincial y nacional que le fueron dando carácter burocrático y la importancia que alguna vez su ideario imaginó para ella.

Luego, dedica un capítulo extenso de su libro a la biografía del Prof. Alejo Peyret, sobre todo, resaltando su intelectualidad y su desempeño claro y firme en el orden de su cargo como Administrador de la Colonia San José. Allí se presentan datos casi desconocidos por muchos de los que ahondamos en el aspecto histórico y que nos permiten comprender al hombre que fue, y las responsabilidades que tuvo a su cargo como jefe administrativo, no solo por representar en la zona a la figura misma del Gral. Urquiza, la administración de sus tierras y bienes, sino también, deja de manifiesto su aspecto humano.

Como es sabido, al hablar de la Colonia San José, se desencadenan muchos nombres de pueblos y ciudades que surgen luego de su creación. Entre ellos, la ciudad de Colón, lugar al que el Dr. Horne apreciaba mucho y de la cual dedica un capítulo de su libro a sus bases históricas y sus formas de organización desde sus inicios fundacionales.

En síntesis, el Dr. Horne forma parte de una las personas que más dio a esta región. Desde su historia personal entrelazada con los orígenes de la Colonia San José, la fundación de Villa Colón y de las colonias aledañas, hasta su desempeño profesional y su accionar político, le permitieron crecer en el conocimiento de estos aspectos, haciendo de él, uno de los intelectuales más grandes que esta región tuvo.

Es por eso que, al cumplirse un aniversario más del inicio de la Colonia San José, es necesario que todos nosotros, como generación actual, podamos transmitir a las generaciones futuras, obras como ésta que forman parte hoy, de nuestras raíces históricas.

La memoria colectiva perdurará en el tiempo mientras haya siquiera una persona que se interese en preservarla y difundirla”.

 

Prof. Alejandro González Pavón

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