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17/08/21

82 años de una tragedia que enlutó a Colón y a la provincia

Hoy, 17 de junio, se cumplen 82 años de una de las tragedias más tristes que empapó de dolor a toda la ciudad de Colón: la muerte accidentada del joven sacerdote JOSÉ MARÍA TAVELLA. Hijo de una de las familias tradicionales de nuestra localidad, con una trayectoria importante en lo que se refiere al rubro comercial de ramos generales como así también, caracterizada por la piadosa adhesión a la iglesia.
Su nacimiento e infancia:
José María Tavella nació en la ciudad de Colón, el 19 de febrero de 1915. Hijo de Don Luis Pascual Tavella (+ 1944) y Doña María Teresa Benzi (+1939).
Su infancia se impregnó de aquellas primeras décadas de vida de esta ciudad, y sobre todo, viviendo el contexto de aquel Colón de antaño que circulaba en forma constante en la reconocida tienda (almacén) de ramos generales de los Tavella Hnos. llamada “La Esperanza”.
Ingresó al Seminario de Paraná a mediados de la década de 1920. En esos momentos, para recibir el orden sacerdotal había que estudiar en el Seminario por un lapso de tiempo de 14 años. Las reglamentaciones eclesiásticas del momento, permitían a que los seminaristas visiten a sus familias dos veces al año, por lo cual, cada vez que José María venía a Colón, en su seno familiar era todo un acontecimiento. La familia se reunía y se realizaban grandes encuentros por este mismo motivo.
Como los caminos no eran de todo bueno, la opción más elegida por la población en aquellos años era viajar hasta Concepción del Uruguay y desde allí tomar el tren a Paraná.
Su casa y la Ordenación Sacerdotal
Su casa paterna (que aún existe, casi sin modificaciones), situada en calle Alvear N° 14 de esta ciudad, fue escenario de muchos acontecimientos sociales, no sólo por haber sido el vestíbulo en donde el Pbro. José María Tavella se revistió con los ornamentos sagrados, al igual que los profesores que vinieron a acompañarlo y hasta el propio Obispo que lo ordenó Sacerdote.. De ese mismo lugar partió la procesión hacia la iglesia para realizar la ceremonia de ordenación. Todo este hecho sucedió el 12 de marzo de 1939
La tragedia
En la mañana del sábado 17 de junio de 1939, se presentaba con una neblina altamente notable. Parte con su auto particular desde la ciudad de Lucas González a Maciá, lugar en el que oficiaría una misa. El camino era sinuoso, la neblina no permitía ver más allá de unos pocos metros, pero había que considerar que en medio de ese trayecto, había que atravesar un paso de vía. Al llegar al lugar, intentando cruzar las vías, el tren que circulaba por ese lugar intercepta el auto provocando el fatal accidente. El auto es arrastrado unos cuantos metros debido a la velocidad en la que venía circulando el tren. Según se tiene conocimiento, el joven sacerdote no muere automáticamente en el acto, sino que sobrevive uno minutos más en estado de agonía. El niño que lo acompañaba, que oficiaría como su monaguillo, sólo había sufrido unos rasguños por estar éste sentado del lado contrario al impacto de la locomotora.
Luego del terrible hecho, no pasó mucho tiempo, que comenzaron a llegar las autoridades del lugar para verificar lo sucedido. La escena era espantosa. Los diarios de la época aseguran que el accidente ferroviario se debió como resultado de la neblina de ese día, otros culpan al mal funcionamiento de la barrera de aviso. Pero lo que sí queda claro, es que aquel joven de 24 años, con tan sólo tres meses de haberse ordenado sacerdote, partía de forma inesperada a la morada Santa que él tantas veces – tiempo antes – había anunciado a otros.
La noticia no tardó en llegar a Colón. El dolor de toda una comunidad que hacía pocos meses atrás había celebrado con entusiasmo y alegría una de las primeras ordenaciones sacerdotales que se realizaba en el templo parroquial, de un joven colonense que había nacido a metros de ese lugar que lo consagraría como Sacerdote, sembrando la esperanza en todo un pueblo por su juventud y por su cordialidad personal, era el testamento vivo en el cual el propio cura párroco de entonces, Pbro. Narciso Goiburu había depositado en él, no solo por conocerlo de niño y compartir con él y su familia los desayunos, almuerzos y cenas, sino por haber sido él mismo el ejemplo de pastor que José María aspiraba a ser.
Los medios de la época, no sólo locales sino provinciales, dejaron impresas en sus páginas el dolor y el despliegue de un sinnúmero de discursos y homenajes que tanto el pueblo de Colón, como sus compañero de curso en el Seminario de Paraná, Profesores, jóvenes de la Acción Católica y muchas instituciones más, emitieron en aquel triste día de junio del ’39 donde dejaron en claro que no sólo despedían a un sacerdote joven, con pocos pasos, sino a un gran amigo, consejero y ciudadano comprometido en los lugares e instituciones que frecuentaba.
El diario El Entre Ríos y el Boletín Parroquial de aquella época, emiten en sus reiteradas ediciones el cariño, afecto, respeto y dolor de tantas personas que le quisieron rendir su homenaje a este joven sacerdotes con grandes virtudes oratorias, con una inteligencia que estuvo guiada desde muy niño por su director espiritual, el Pbro. Goiburu y con un gran corazón que supo gestar en el seno de una familia unida, creyente y trabajadora.
El dolor se implantó en la familia, y al poco tiempo de este trágico hecho, a pocos meses de diferencia, fallece su madre, Doña María Teresa Benzi.
Fue sepultado en el Cementerio de Colón. Sus restos descansan en el Panteón de la Familia Benzi.
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